Los príncipes valientes,
título de la nueva novela de
Javier Pérez Andújar, nos
traslada a los días finales del franquismo en un
evocador relato de infancia e iniciación, con el
cinturón industrial metropolitano como telón de fondo.
Pura cultura charnega. Siento predilección por las
narraciones que abordan los primeros pasos del niño en
la vida y su visión del mundo adulto. Infancia,
de Jacques Prévert; Memorias de un niño de derechas,
del maestro Umbral, o el poema narrativo de
Dylan Thomas
Navidad de un niño en Gales son claros ejemplos,
aunque El niño asombrado, de
Antonio Rabinad, sea
mi favorita.
El desgarrador relato de un niño de la calle de Hernán
Cortés, en el barcelonés barrio del Clot, golpeado por
la realidad del Alzamiento del 18 de julio. La toma de
las calles, las banderas y las consignas; la aparición
de los hombres de cuero; la desaparición de su padre en
manos de desconocidos; el descubrimiento cruel de su
asesinato por los incontrolados; los bombardeos; el
silencio y la miseria del final de la guerra... La
lectura de El niño asombrado cambió mi vida. Los
escenarios de mi infancia están directamente
relacionados con la novela de
Rabinad. Fueron las calles
donde yo jugaba y perseguía gatos. Mi familia, además,
fue testigo de todo lo narrado, porque ellos, el niño,
la madre, eran los vecinos del primero. Aunque esa fue
una información que tardé más de 30 años en conocer.
Sería Antonio
quien por fin colocó las piezas de un rompecabezas que
el exilio y el miedo habían borrado selectivamente de la
memoria familiar.
Durante los últimos años lo he visitado con frecuencia
cuando estoy en tránsito en Barcelona. Los domingos
regenta, junto a sus hijos, un puesto de libros de viejo
en el mercado de Sant Antoni, donde mi padre me llevaba
a cambiar cromos y donde seguramente se paraba a echar
una charradeta con él. Quizá no sepa lo que ha hecho por
mí. Considerado el escritor secreto de su generación,
sufre el ostracismo oficial que prefiere a los
escritores de estómago agradecido, encantados de viajar
de la mano de una clase política que termina
recomendando los monólogos de algún mediático como
lectura para Sant Jordi.