Crucifixión o lapidación (2010)

El periódico / 24-5-2010

No me puedo quitar de la cabeza estos días una secuencia de la magnífica película de Monty Python La vida de Brian en la que los condenados hacen fila para su muerte. Cuando les toca el turno, se les pregunta: «¿Crufixión o lapidación?». Y parece que ese sigue siendo el quid de la cuestión.

Nos preguntamos con mucho rasgar de vestiduras si debemos aceptar y tolerar símbolos religiosos en nuestras escuelas públicas. Yo pensaba que vivía en un país laico, que habíamos acabado más que hartos de símbolos religiosos impuestos y que queremos que la educación religiosa sea optativa.

Me van a perdonar los creyentes, quédense sus creencias en sus casas, cultiven sus cultos en sus huertos, con los suyos. A mi entender, los símbolos religiosos llevan implícitos demasiados signos políticos. No me hablen en nombre de ningún dios, puesto que no me dan ejemplo de nada. A lo largo de la historia de la humanidad, en nombre de esta o aquella religión se han enfrentado pueblos, países o imperios, se ha matado, torturado y perseguido a todo aquel que pusiera en duda, profanara o no profesara este o aquel credo, y hoy se sigue matando, condenando y excluyendo en muchos lugares del mundo los derechos de las personas, por mandato divino.

Me acuerdo también de dos cancioncillas de los descabellados 80, de cuando nos pasábamos por el arco del triunfo casi todo. Aquella de Parálisis Permanente que decía: «Quiero ser santa, quiero ser beata». Y la otra de Siniestro Total: «Ayatolá no me toques la pirola». Yo espero que ustedes las revisiten. Si las reproduzco hoy aquí, ya se sabe, si no me crucifican los unos, me lapidan los otros.

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