Granada: Heterodoxa y Sin Complejos.

Por Alfonso Alcalá.

Ocurre cada cierto tiempo. Salir a tocar implica un cierto grado de ritual: haz la maleta, revisa los horarios en la hoja de ruta, dirígete hacia la estación de bus, tren o aeropuerto de turno; viaja un cierto número de horas hasta tu destino y súmale otras tantas de furgoneta con el resto de la banda. Os ponéis al día y comentáis los cambios de última hora en el repertorio. Coloca tu ropa en el hotel, para dirigirte hacia la prueba. En ese lapso de tiempo, que para los que vivimos en ciudades de provincias como Granada nunca suele bajar de las 5 ó 6 horas, aparcas tu rutina diaria y entras poco a poco en el modo mental necesario para subirte a un escenario. El directo se parece mucho a una obra de teatro, la actuación no solo es musical. De un modo u otro, desarrollas un personaje que te permite conectar con el repertorio, el artista y el público. Pero hoy estás en tu ciudad.

Hoy es ese día en el que todo ese ritual pasa por las calles que recorres habitualmente. Puedes pasar del salón de tu casa al escenario rodeado de tu familia musical de fuera en menos de media hora. Lo que aparentemente puede parecer una ventaja se muestra como un handicap. Súmale el sentido de la hospitalidad para que todos estén lo mejor posible en tu ciudad, tocar delante de familia, amigos y alumnos y obtienes una combinación diferente al resto de conciertos de una gira. Al final tiene su recompensa, evidentemente, y ese pequeño extra sentimental te deja una huella a la altura de las circunstancias.

El concierto en Granada de la gira 40 Aniversario de Loquillo no era un concierto más. Se celebraba en el Palacio de Deportes, donde registramos el disco en directo El Creyente. Aunque ya había tocado en el auditorio Manuel de Falla unos años antes, aquel concierto fue mi primera actuación de gran formato en mi ciudad de mi vida. En el mismo escenario donde había visto a bandas como Rage Against The Machine, Muse o Bob Dylan. Esta ocasión daba un paso adelante en cuando a repertorio, despliegue técnico y cohesión con la banda, estabilizada en cuanto a formación desde hace un par de años. Partiendo de que la acústica de un recinto cerrado diseñado para acoger eventos deportivos no es ni de lejos el escenario ideal para hacer música rock, toda la producción trabajó a destajo para ofrecer el mejor show posible, a la altura de la celebración de cuatro décadas implacables de actitud y respeto hacia la profesión que ejerce el frontman al que respaldamos. Las casi tres horas nos dejaron sin aliento, y el respetable se dejó la piel a lo largo de un repertorio que desgranó las distintas etapas de una carrera heterodoxa y sin complejos.

La gira continúa, preparados para el siguiente reto.