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Arnedo, tierra fronteriza.

Por Igor Paskual.

Rojos, pardos y verdes en las hojas de las vides. La Rioja, siempre bellísima en otoño es tierra de frontera, y creo que de ahí procede gran parte de su encanto. Valle y cumbre, recibe diferentes vientos del este y del norte. Fue parte de Navarra hasta que con Alfonso VI se incorporó a Castilla. Y es La Rioja donde tenemos los primeros testimonios escritos del castellano, y también del euskera.

En Logroño, además, está uno de mis festivales favoritos, el Actual. Bien integrado en la ciudad, construido poco a poco y con una programación realizada con muchísimo criterio. En la ribera del Cidacos, Arnedo es conocida por su festival de jazz y su calzado, pero lleva sobre sí el honor de haber tenido sindicalistas valientes en los años treinta. Muchos de ellos fueron asesinados cuando buscaban mejoras de vida para su gente. Conviene recordar los sucesos de Arnedo cada cierto tiempo. Los pocos derechos que nos van quedando se los debemos al esfuerzo (y a veces, a la vida) de muchas personas. Hay que cuidarlos. Arnedo, ciudad de valientes.

Viajamos por carreteras que bordeaban viñedos, entre grupos de ciclistas y la tristeza de los perros abandonados. Llegamos a la prueba de sonido a la enorme plaza de toros cubierta. Y digo enorme porque tiene una capacidad para una seis mil personas en una ciudad de quince mil habitantes. Conviene pensar que los antiguos teatros romanos, muchas veces, podían albergar hasta un tercio de la población total. Plaza grande, pero fría. Ni un calefactor en funcionamiento. No es ninguna tontería, el frío condiciona mucho el sonido porque éste no viaja a la misma velocidad según las condiciones de humedad y temperatura. Lo notamos mucho en la escucha. Nat y su banda están esperando abrigadísimos en el escenario para a hacer su prueba de sonido.

Volvimos al hotel, allí nos trataron de maravilla. En la cafetería nos hicimos fotos y un amabilísimo camarero nos contó la conmovedora historia personal de su mujer -muy seguidora de Loquillo-. No podía venir al concierto, pero nos dio “El hijo de nadie” de Loquillo para que se lo firmara. Me encargué personalmente de que así fuera.

Mario Cobo y yo subimos a la habitación de Laurent. Nuestro héroe de la guitarra le arregló el pelo a Monsieur Castagnet con gran estilo y demostró unas dotes de peluquero que desconocía. Yo fui a llevarle unos textos sobre el “Orient Express”. Laurent es muy aficionado a los viajes antiguos de tren y lee todo lo que hay sobre esos trenes. Le cuento cuando estuve en Estambul en la estación donde terminaba la línea del “Orient Express”. Josu, que está en la habitación de al lado, se une a nosotros y nos deleita con una imitación soberbia. Aplausos.

Antes del concierto, cenamos sushi en el camerino. Hay que reconocer que es una comida que alimenta, pero no te deja pesado para el concierto. Con casi tres horas de concierto se necesita energía. El frío incita a que cada uno emplee su destilado y fermentado favorito como calefactor interior. El público tuvo un mérito enorme. Escucharon con respeto y gran atención, pero no puedo olvidar que tuvieron mucha paciencia con la temperatura. Ya en la segunda parte del concierto, la propia dinámica del espectáculo consiguió que entrásemos en calor. El Loco estuvo más hablador que de costumbre, y que puesto que ahora pasa pasa temoradas largas en La Rioja en modo caballero templario, se puede considerar que estaba hablando a sus vecinos. Por cierto, que bien tocó Alfonso, siempre intenso y constante. Por ejemplo, si le ves tocar rockabilly durante tres o cuatro horas (yo le vi hacerlo en el Savoy de Gijón), su intensidad, golpeo y precisión es la misma en el inicio del concierto que al final. Josu sublime en “Memoria”.

Al llegar al camerino está Íñigo Argomániz, manager de Mikel Erentxun (a reivindicar su “El abrazo del erizo” en solitario) y Mariano, fabuloso guitarrista de Ciclonautas y argentino de Rosario -muy distinto a los porteños-. Hablamos de la final de la Copa Libertadores entre Boca y River. ( Por Dios, que no haya muertos, ¡Esa final es ya un éxito del fútbol argentino!). Alen Ayerdi, batería de Marea’ nos deleita con su visita. No sólo es amigo desde hace muchos años. Es gente que el mundo debería cuidar. Un tipo que siempre le sonríe a la vida aunque ésta haya querido arrancar lágrimas de dolor. Comentamos su nuevo fichaje para su sello, El Dromedario. Las Sexperares, un acierto.

El frío nos ha dejado un poco tocados, pero alguien tiene la maravillosa idea de cambiar las luces del camerino y, de pronto, pasa a ser un lugar acogedor. Eso es lo que queremos hacer en el escenario. Que durante, al menos esas tres horas, la vida tenga otra luz.