La ciudad del Viento.

Por Laurent Castagnet

Zaragoza.

Llegué a la ciudad del viento hace muchos años, decía por aquel entonces que venía para retomar el sueño de Napoleón pero cambie rápidamente de parecer y preferí integrarme a seguir con la idea de conquistar…

Bromas aparte, Zaragoza fue la primera en ganarme, me enamoró al instante y sentí que iba para largo. Luego descubrí poco a poco el resto del territorio y empezó a nacer en mí el sentimiento de pertenencia a una tierra. Recuerdo que en mis frecuentes viaje a Francia sentía alegría por ver a mi familia y pasar con ellos algunos días pero al volver, conforme cruzaba los pirineos, notaba que volvía a mi hogar y me sentía feliz. Este sentimiento, hoy día acrecentado por el paso del larguísimo túnel del Somport, trae a mi cabeza la analogía del nacer o mas bien en éste caso, “renacer” al ver la luz al final del túnel y ésta luz es la luz de Aragón, mi tierra! Porqué uno no es de dónde nace, uno es de dónde se hace.

 

Zaragoza, pabellón Príncipe Felipe, 1 de Diciembre.

Hay una cosa que todos los músicos del mundo comparten: tocar en casa es lo más excitante que haya pero trae consigo muchísimo estrés.

Semanas antes del evento empiezas a recibir llamadas, correos, mensajes de peticiones de toda  índole. Piensas en tus invitados, es como si fuera una boda o una comunión: seres queridos, familia, amigos, conocidos, compromisos… ¡tienes que no cagarla! Muy importante!!!!

Y aunque pienses en todo, al último momento surgen obligaciones, peticiones, confirmaciones que te perturban: vas a jugar un partido de Champions por la noche y por la misma tarde tienes aun que actuar de anfitrión impecable: situaciones antagónicas.

La concentración para abordar éste tipo de shows es para mí, primordial y necesaria, me gusta sentir, horas antes de empezar, el gusanillo del directo y poder desarrollar con tranquilidad mis rituales, por ejemplo uno de ellos: comer solo, a veces incluso en el mismo restaurante cojo una mesa distinta a las de mis compañeros, me gusta el silencio y me gusta disfrutar con conciencia la comida. Luego en el hotel, algo de siesta si da tiempo o al menos tumbarme un rato, repasar mentalmente alguna canción y planchar la ropa de actuación, me tranquiliza.

Hoy ha sido un día muy alejado a todo lo arriba escrito. Primero, madrugar para salir del pueblo, recoger junto a mi Amor a nuestra amiga Sonia (ella, aparte de ser mi “Fistra” es también mi “estilista” y me deja toda mi ropa impecable!) y poner, los tres, rumbo a Zaragoza. Al llegar, sesión de peluquería, compras, un imprevisto afeitado acompañado de cervecitas en La Barbería del Tío Jorge (dónde descubro, colgada de la pared, una foto del Loco recién rasurado) y……vermú de celebración del cumpleaños de Sonia!!!! Ruta de tapeo, nos cruzamos con muchas camisetas de Loquillo, ha venido mucha gente de fuera y se preparan para un largo día, nos saludamos con algunos y me encanta sentir ésta energía especial pre-concierto que desprende la gente. La ruta sigue y veo que no me lleva precisamente hacia mis rituales de tranquilidad, que le vamos a hacer…? Sigamos!!!

Suena el teléfono, el Loco me avisa que está muy jodido, le acaban de pinchar, lleva toda la semana con fiebre, no nos ha contado nada para no asustarnos pero hoy los médicos le inyectan y le imponen descanso hasta la hora del show, no vendrá a probar y me encarga de transmitir a todo el equipo la noticia.  Llego al hotel, queda menos de una hora para la prueba de sonido…

Subimos a la furgo después de achucharnos, comunico a la banda la situación y nos dirigimos al Príncipe Felipe. Al llegar, Pluto nos pide algo de paciencia, un problema en la corriente trae consigo un fuerte ruido en todos los amplificadores. Me subo al escenario, estoy tranquilo, conozco a toda nuestra gente, cada uno de ellos es un capo en su área. Pluto dirige con maestría el baile de técnicos en búsqueda del problema pero la cosa se complica, se ve en la obligación de pedir un generador eléctrico exclusivo para el backline (los instrumentos).

Queda poco tiempo para poder probar, llega Gabriel Sopeña, pasamos con él “Brillar y brillar” y “No volveré a ser joven”…

Josu llama al Loco para transmitirle  que todo está perfecto, se guarda de preocuparle con lo ocurrido.

21h00.

Llegamos por segunda vez al recinto, suena Nat Simons pero hoy no subo a escucharla, me dirijo directamente a camerinos, quiero dedicar exclusivamente el tiempo que queda a mi preparación y calentamiento.

Pienso en mi gente, sé que están ya aquí y me acuerdo especialmente de mi sobrinica Jara, el poder ver un concierto de Rock´n´Roll de éstas dimensiones siendo tan pequeña es una fuerte experiencia que te marca para siempre y si toca tu tío, ni te cuento!!!

El Loco llega, parece que está mejor, quiere repasar en camerinos “No volveré a ser joven” con los chicos. Gabriel no contesta a las llamadas y cuando al fin llega, el ensayo ha terminado, no pasa nada, suya es la música, seguro que se acopla sin problemas.

Lucas, copa de vino en mano, monta su particular fiesta poniendo clásicos del Rock a sonar por un diminuto altavoz, Mario y Alfonso, guitarra y contrabajo en mano improvisan por encima, Igor, ego en mano, se mira en el espejo mientras canta, Josu, teléfono en mano, libra su eterna batalla con los cargadores de móvil, yo, baquetas en mano, caliento mis muñecas y mi mente con “ Les trois Dianes” y alguno que otro ritmo Napoleónico. Está todo bien, todo en su sitio, como de costumbre.

Falta ya poco tiempo, estoy listo, pido un whisky a Rafa. Pluto avisa, quedan cinco minutos, el Loco quiere otros cinco y nos convoca para nuestro grito de guerra, él es una fuerza de la naturaleza, pone de lado sus dolencias,  está ya totalmente conectado con su papel de General, nos desea a todos el mejor concierto y pide que hagamos lo que mejor sabemos hacer: tocar juntos.

Salimos hasta el escenario, suena Morrissey, últimos abrazos entre los chicos y se hace obscuridad, el público ruge, cada uno se coloca en su lado para salir. Arranca el video de la intro, mi corazón se acelera, respiro hondo por la nariz, quiero oxígeno para mis músculos, los primeros golpes de mi intro son de mucho peso y la presión no parará hasta dentro de tres horas, tres horas de viaje desde nuestras tripas hacia el corazón de toda esta gente congregada para llegar todos junto al Cielo,    el Cielo del Rock´n´Roll.