El periódico / 14-7-2008

Llueve sobre la capital de España. En la habitación de mi hotel, curioseando entre canales, encuentro en Telemadrid (que es como TV-3, pero en castizo) a Juan Manuel de Prada entrevistado por Sáenz de Buruaga. Mientras se enjabonan, el poeta nos habla de su musa, Rena Riffel, y de cómo la conoció: visionando su obra cumbre, Showgirls. Uno oye mucho de musas, ¡pero esto no tiene parangón! Escucho con atención el relato de su viaje de peregrinación a un garito de Las Vegas para verla actuar y conocerla.

A las pocas horas aparece en la pantalla Nani Moretti a lomos de una vespa por las calles de Roma. El director de esa inmensa película que es Caro Diario también habla de su musa, Jennifer Beals, quien enamoró a una generación de jóvenes allá por los felices 80 con su look de factoría hidráulica. El azar, o más bien el deseo del guionista, hace posible el encuentro entre las ruinas de la ciudad eterna. Asombroso.

Tiene lo suyo que las dos señoritas se dediquen al bailoteo, y yo, la verdad, alucino con el gusto cinematográfico de nuestros protagonistas… Estas dos historias me llevan hacia esa obra maestra de la poesía española que es, Bronwyn, de Juan Eduardo Cirlot. Qué hubiera sido del gran poeta barcelonés y de sus lectores si aquel día no hubiera comprado la entrada del cine Avenida de la Luz para ver El señor de la guerra, tremenda película de Franklin Schaffner, protagonizada por Charlton Heston, donde la actriz Rosemary Forsyth da vida a la doncella celta Bronwyn. Su imagen saliendo de las aguas del pantano darían forma años después a un poema infinito.

Recientemente, leo en la prensa el obituario de Joan Hunter Dunn, musa del poeta John Betjeman, que le dedicó uno de los poemas británicos más recitados del siglo XX, A subaltern’s Love Song. La noticia de su muerte nos da a conocer la importancia de la musa en la vida del creador. Y yo me pregunto: ¿qué resorte me hará descubrir a mi musa?, ¿qué ocurrirá cuando la encuentre?, ¿qué debo hacer?, ¿me la llevo a casa, la invito a una copa, como me sugiere Luis Alberto de Cuenca?, ¿me pongo en contacto con una médium que me conecte con el más allá?, ¿o mejor con un psiquiatra?