LA BANDA

Josu García

La noche más larga.

En medio del colapso general del mundo, Josu es la última oportunidad para salvar el espíritu humano, la armonía en las voces y la canción entendida como una de las cumbres de la civilización. Desembarca en las playas acribilladas por los enemigos de la belleza.

Con la fe intacta en el poder salvador de la música, ofrece su mejor yo al equipo. Multidisciplinar, puede pelear cuerpo a cuerpo, saltar en paracaídas o disparar desde lejos como un francotirador.

Ráfagas de notas plenas de intención, caricia acústica bajo el bombardeo, coros celestiales que abrasan como un lanzallamas. Entregado a la causa, entra en los cuarteles para preparar el próximo ataque. Con mente científica, diseña sobre el mapa posiciones y sonidos. Gracias al manejo solvente de la palabra transmite órdenes y convence al espíritu dubitativo. En un “bending” eterno estira los días y las noches para que el final sea siempre el principio. El azar no se improvisa.

 

Igor Paskual

Lawrence de Asturias.

Contrariamente al ilustre galés, Igor no monta camellos pero sí sabe cómo hablarles…

Luchador incansable con una guitarra por sable, Igor busca la belleza hasta en lo inconfesable, no tiene fin ni límite. Cuando la beldad es lo que mueve y rige tu vida, ésta se transforma en una experiencia diferente a la de los demás mortales. Porque Igor no vive cómo tú y yo; Ni tú y ni yo hemos excavado lejanas tumbas milenarias, ni tú ni yo hemos probado el placer bajo formas tan abiertas, ni tú ni yo sacamos tanto provecho de lo aprendido, ni tú ni yo hemos sentido el frío acero de un cuchillo separar nuestra piel para que, a través de la herida, la calma llegue a nuestra alma.

Quizás tú y yo sí dominamos el Arte de Mentir y fuimos, alguna vez, “el peor novio del mundo”…

Con la arena del desierto jordano pegada al carmín de sus glamourosos labios, sedujo a la roja serpiente que se desliza por su cuello. Con ella pactó vida y vicio eternos. Desde entonces, ella se nutre de su sangre a cambio de insuflarle por siempre, el adictivo e inmortal veneno del Rock, y si bien, el asturiano​ ​es el resultado de las muchas personas que viven en él y que luchan entre si para tomar el mando de su camino vital, el pernicioso fluido predomina sobre todo, por eso Igor es y será por siempre Rock.

Igor es El ROCK.

Alfonso Alcalá

Aguaespejo granadino.

Quien haya escuchado a Alfonso Alcalá tocar el bajo sabe que está poseído por la furia mágica de quien tiene manos de martillo para acariciar seda. Manos enormes, grandes, gigantes que tocan el níquel de las cuerdas y la madera del mástil como quien escribe el romancero gitano. Alcalá es un poeta en Nueva York, verso del sur y, como Val de Omar, lleva un imán en la mano y una lupa en la otra. Tiene la mente occidental y también posee el arrebato oriental.

Alfonso teoriza sobre armonía mientras sostiene un destornillador en sus manos y arregla un amplificador. Conoce todo tipo de inventos, aparatos extraños capaces de producir cualquier sonido. Amigo de todos los bajistas del mundo, cree en su gremio, lo ama y teje con el resto de sus compremos una red de compañerismo y socorro.

Músico inagotable, variado e inclasificable.

Laurent Castagnet

Los 400.000 golpes.

Cada golpe es un latido, un empujón más hacia la perfección rítmica. Laurent se acerca con sus baquetas a la dimensión primigenia del Universo. Nunca hubo nadie con el oído más próximo a la raíz percusiva que suena silenciosa en el subsuelo de la vida.

Laurent, mira al horizonte con todo el vértigo que implica ver al escenario desde el fondo del escenario. Miles de espectadores dependen de su intensidad y tempo. Sus manos de pianista se quedan en carne viva después de cada concierto porque ningún golpe es menos importante que otro. Con su ya legendario “un, deux, trois, quatre” es capaz de dar más indicaciones y órdenes que todo un Napoleón.

Criado entre lo más de la calle, movimientos de gato confundirse con el útero eterno del pulso del universo. Lleva sangre de nobleza callejera en constante viaje único y fuera de todo .

De principios inquebrantable, cuida a los seguidores como nadie, consciente del privilegio que supone trabajar ofreciendo felicidad. Quien se ha criado con lo mejor de las calles lo sabe bien. De cabeza francesa, entrepierna latina y espíritu español hace magia con las palabras. Su castellano es lírica y prosodia única. Lengua, latido y golpes. 400.000 golpes.

Mario Cobo

El rock tenía un precio.

Hay una imagen de Mario Cobo que enamora. No es en el escenario. Se trata de la trastienda.

Cuando saca una guitarra de su funda, jamás es una escena vulgar. Durante el epifánico contacto entre su mano y la guitarra, el mundo brilla más y toma un nuevo color. Cobo es consciente de que entre sus brazos tiene una herramienta con la que va a enfrentarse al mundo. Es su única arma y con ella emitirá los disparos musicales más hermosos. Nunca da una nota de más y emplea elocuentes silencios, propios de europeo que reinterpreta la tradición americana.

Cundo camina sobre el escenario parece que suena Ennio Morricone de fondo. Ha tocado por toda América, pero ahora se ha llevado el viejo oeste a Almería donde hace aún más real una música a la que ha dotado de nueva vida.

Lucas Albaladejo

Araña su Hammond como un neumático araña el asfalto. Lanza al vuelto toneladas de decibelios que dan placer porque saben a velocidad, a riesgo, a potencia y a sobredosis de adrenalina. Sus teclas son un volante de un Ford Mustang GT 390 entre sus manos y pisa pedales para frenar o acelerar.

Lucas, curva sinuosa, se persigue a sí mismo con la cantidad exacta de cerebro y de corazón lanzado por las calles de Cartagena como Steve McQueen por las curvas de San Francisco.

Lucas Albaladejo acorazado dispuesto proteger su propia integridad frente a todo tipo de corrupción y soborno. Lucas es saber, sabor y control.

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