Loquillo se convirtió en su propio sueño. 40 años sigue siéndolo. No necesita ser un tipo normal. Está cómodo siendo una rock’n’roll star. Casi no tiene mérito. Con las vocaciones ya se sabe: o eres eso o eres nadie.’ 

‘José María Sanz no quería ser nadie. Se sabía distinto, tenía los ojos llenos de trenes que se marchaban y ansiaba ser una estrella del rock’n’roll: música, chicas, fama y vicio, en una Barcelona Ciudad que tendría que imaginar e inventar. Sus amigos y él.  

 José María Sanz entró en un túnel y de la baticueva salió Loquillo, larguirucho tupé entre músicos layetanos y otras entidades seudohumanas, con el dictador fiambre y vientos de libertad aullando consignas desde un Londres en llamas.

 En cuanto se subió a un escenario en la Sala Tabú a hablar fuerte sobre viejos rockanrolles, Loquillo ya era una estrella. Las estrellas no son especialistas en nada. Son estrellas y convocan a su alrededor luz, agujeros negros y canciones desde un porche. Una estrella era Dean Martin y George Best, Marilyn Monroe o Elvis. Algunos hacían bien algunas cosas pero lo que mejor hacían eran ser estrellas, brillar fuerte y salir antes que los demás de los edificios. Si te demorabas en la salida te despedazan los cocodrilos, las coctelerías o los Kennedy.

 Loquillo es la única estrella del rock’n’roll de este país. Lleva cuatro décadas sorteando balas de plata, estacas de madera y medallas gubernamentales. Ha abusado de todo menos de la paciencia de sus seguidores. No hay artista rock en España con un cancionero tan brutal en aciertos –Sabino, Igor, Gabriel, Mario- y disperso en décadas ya que se actualiza como una puntual  aplicación de tu móvil –cinco, diez buenas canciones en lustro- y en todo ese tiempo ha tenido siempre un directo impresionante-catarsis, chulería, orgullo de clase, mitomanía y diversión-. Esto ha sido trascendental. Sin la carretera, Loquillo estaría poniendo gasolina en la Avenida Roma pero su mutación en bestia del escenario y su capacidad de sumar talentos y esfuerzos hizo que la estrella vaya de supernova. 

40 años ya, joder.

 Escribiendo esta nota pienso que nos puede gustar Loquillo sin gustar Loquillo –en eso consiste también ser una estrella-. Nos gusta porque es básico y directo y nos recuerda que una parte de nosotros sigue sin estar en venta: la que dentro de alguna de sus canciones aún grita, se acelera y recuerda qué importaba entonces y también ahora.

 Nos gusta porque uno de los nuestros lo consiguió. Porque tiene unas canciones sensacionales y una banda que es una apisonadora.’  

Carlos Zanón