Los seguidores del baloncesto europeo no  parpadean estos días ante la temporada invicta que está haciendo el Real Madrid, cosa fina, al alcance de los muy grandes, dirigida con acierto por un Pablo Laso que se sale y no me extraña.

Nuestro baloncesto está dando glorias mundiales, estrellas estratosféricas. Pero ante tres anillos de la NBA, una Euroliga, ocho ligas españolas, nueve Copas de la Reina, cuatro supercopas, una superliga rusa, tres copas en Rusia, tres mundiales de clubes y la Real Orden del Mérito Deportivo la verdad es que uno se queda sin aliento y tiene quequitarse el sombrero para saludar a la campeona.

Solo una jugadora que tiene un palmarés que hace temblar las piernas; ella es Amaya Valdemoro. Ella es fuerza, tesón, trabajo duro y ambición, por eso se ha convertido en  la jugadora más grande y más laureada.

 

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