La imagen de Audrey Hepburn con gafas de sol desayunando ‘café au lait’ y croissant junto al escaparate de Tiffany’s es un mito del cine.

No conozco a ninguna mujer que no haya querido ser ella y no conozco a ningún hombre que no haya querido llevársela a casa, deshacerle el moño y pasar una resaca interminable.

Como siempre la realidad supera a la ficción, Holly Golightly, la gacela inocente cazamaridos, protagonista de ‘Desayuno con diamantes’, se miraba en un espejo que nos devuelve la muy perturbadora imagen deMaeve Brennan, moño alto, mirada fatal de cine negro, figura exquisita, delicada pero letal.

Irlandesa de cabellera pelirroja de nacimiento y columnista neoyorquina de vocación, fue una de las perversas que reinó en la mesa del Algonquin después de Dorothy Parker. Deslumbró con su ingenio y su chic a recién llegados a la ciudad de los rascacielos como Truman Capote o buscavidas de todo pelaje y condición, las ovejas negras de todos los Estados de la Unión.

Leer post completo en elmundo.es.