Javier Pérez de Andujar luce su orgullo de extrarradio con más gloria que pena.

A mí me gusta Andújar porque su imaginario de pico y pala es común y corriente, tanto me da Clot que Besós si nos une la Meridiana, la Verneda o el antiguo Puente del Trabajo, que es más que una barricada. También está esa sensación de adolescente desharrapado que viene de las afueras, cuando nos sentíamos más del Rock Ola que de Barcelona. Sin más ‘senyera’ que la de Las Golondrinas, los chiringuitos de la Barceloneta y Copito de Nieve, una rabia de barrio, que a veces es orgullo y otras, la propia independencia.

Leer post completo…