Articulo publicado por el periódico El Mundo, el pasado domingo.

“No fueron al principio santos de mi devoción”, así arrancaba la letra de Simpatía por los Stones, canción que escribí a principios de los 90. Ignoraba que mas de una década después ‘telonearía’ por tres veces a la mejor banda de RNR de la historia en su última visita a nuestro país.

Entonces ya tenía claro que el señor Jagger era el mejor, con permiso de Jhonny Hallyday, por supuesto. El mismo ‘rocker’ francés me dijo durante los cafés tras comer en su ‘restaurant’; “Loco, solo quedamos Mick y yo”.
También lo decía Gay Mercader, ‘capo’ del negocio musical en España durante las madrugadas interminables en su masía en el Ampurdán, escuchando grabaciones inéditas de la banda. Descubrí porque el señor Jagger es el más grande, donde aprendí que tan importante es ser una estrella como gestionarlo y convertirlo en un activo que perdura en el tiempo.

Mi relación con Jagger comenzó un mes de junio de 1976 durante su histórico concierto en la Monumental de Barcelona, aquel concierto que fue todo el mundo mundial, el de los grises cargando fuera de la plaza el de los botes de humo que llegaron a colarse durante la actuación y donde los Stones no tocaron ‘Satisfaction’. Yo era el chico que almacenaba botellas requisadas en la entrada, entonces los Stones no me interesaban demasiado, odiaba a los tipos que se vestían como Jagger, las adolescentes se colaban por cualquier capullo con ‘foular’ al cuello, que bailase haciendo el pavo real. El estilo Jagger de frontman era para mi la antítesis de un cantante de RnR, en plena explosión de testorena adolescente, vamos a mí lo de Mick me parecía una mariconada. Pero mi opinión fue cambiando a medida que los aspirantes a clones de Richards ocuparon el ranking de topicazos del rock; “Keith es el autentico, Jagger el vendido”… jajaja, déjalo, que se lo crean, debió pensar Mr Jagger, mientras se dedicaba a los negocios, a gestionar un legado, un mito y una marca que todavía no tiene fecha de caducidad, aunque a veces tenga que comerse marrones del muy “autentico” Mr Richards.

Tengo claro que en algún momento se estudiaran sus aportaciones al negocio del rock, su visión del mundo del espectáculo. Icono “ fin de siecle“ se le ha menospreciado como músico, pero ya nadie toca la armónica como él, en permanente contacto con la realidad musical, es notorio que “Some Girls” bebió de las noches pasadas en Studio 54. Hoy sé que es el mejor ‘frontman’ del mundo, desde que Michael Jackson o James Brown nos dejaran, Elvis era el mejor pero lo puso todo en manos del coronel Parker y ya sabemos como le fueron las cosas. Mick, es un tipo ‘cool’, convencido estoy de que ha sido precursor en medicina deportiva y que su eterna juventud tiene mas que ver con misteriosos conjuros de belleza que de pactos con Belzebú.

La segunda vez que coincidí con el señor Jagger fue durante la gira del 98 “Bridges to Babylon” mi misión divina, en labores de producción era entregar a los Stones un maletín donde supuestamente se encontraba el ‘cash’ del concierto. Cuando Jagger abrió el maletín no encontró el dinero contante y sonante, sino chocolatinas con su cara en billetes de 100 dólares cortesía de Escriba pasteleros.

Pero fue durante la ultima gira de los Stones en nuestro país, en El Ejido, provincia de Almería donde anuncié a los Trogloditas mi marcha después de tres décadas, un epilogo imposible de superar.
Durante los conciertos de la ‘Bigger Bang Tour’ en Barcelona y Madrid en el verano del 2006 el trato fue exquisito, ni una mala cara, ni un mal gesto.

Yo me porté muy bien pero en el concierto de El Ejido utilicé todas mi artes para conseguir una suite situada estratégicamente en el camino de Mr. Jagger, y de verdad que no fue por locura de fan, sino porque yo también lo valgo!

¿Quien es ese que se hace fotos con todos lo camareros? debió preguntarse, hasta que por fin llegó el detalle real (real de rey, ustedes me entienden), cuando el tour manager de los Stones, 5 minutos antes de salir a escena nos comunicó que podíamos utilizar todo el escenario sin limitación, por cortesía del señor Jagger, también fuimos invitados a la fiesta de rigor a la que por supuesto no asistió…¿Pero a quien le importa eso?

Y es que tú no sabes lo que es escuchar antes del amanecer, tras una noche inolvidable en nuestras vidas el sonido de unas guitarras rotas y una armónica de una de las habitaciones de aquel paradisiaco hotel, yo sí.