El tiempo parece detenerse en la Plaza Catalana, vestigio de una Barcelona que no ha sucumbido de milagro al diseño de cemento puro y duro que rige en las plazas publicas de la ciudad que fuera condal.

La Plaza Catalana fue testigo de nuestro primer encuentro, un prologo para su biografía sobre Willy De phentermine Ville. Su timidez no hacía presagiar entonces en lo que se convertiría algunos años después, sin hacer ruido; el cronista de la Barcelona no oficial, la que ahora juega a ser puta y Ramoneta ante lo que le pueda pasarle en un futuro incierto.

Carlos Zanón, heredero de los Rabinat, Marsé o Casavella, novelista y poeta generacional, de esa cultura urbana que no tiene cabida en el ideario pancatalanista, esa realidad que no aparece en los informativos de TV3, que recuerdan cada vez más al NO-DO, y no por ser pro régimen sino por utilizar el mismo lenguaje. Un lenguaje que nada tiene que ver con lascargas de profundidad de realismo barrial presente en toda la obra de Carlos Zanón.