El periódico / 5-4-2007

Leo estos días en la prensa distintos artículos sobre la retirada de Llach. Algunos articulistas dan una visión catastrofista de una Catalunya sin referencias y otros se quejan del poco apoyo que ha tenido el creador de Verges por parte de los medios públicos durante la etapa pujolista. Si Llach no lo tuvo, ¿se imaginan el resto? Debo añadir que Llach es uno de los creadores más importantes que ha dado Europa en el último cuarto del siglo XX, ha manejado el noble arte de la ética frente a la estética con inteligencia y ya es un referente para cualquier autor con el añadido de trabajar en una lengua minoritaria.

Hace unos días asistí a la presentación del nuevo disco de Aute en el Auditori. Para mí, Aute es un referente, un auténtico hombre del Renacimiento. Pues bien, las televisiones no hicieron mención alguna del recital. El que una figura como Aute presente su nuevo disco en Barcelona en el festival Barnasants debería ser tomado como noticia de alcance.

Los creadores como Llach y Aute no interesan porque a la gente le puede dar por pensar. La censura de mercado que tantas veces ha mencionado Aute es real y los creadores que se mantienen en sus trece son peligrosos. No seamos ingenuos: ahora la música, al igual que el cine, es entretenimiento y no compromiso; es un producto, no una obra.

A los nuevos tiburones del negocio, la música les importa poco y algunos incluso aconsejan a sus artistas no meterse en política ni dar opiniones que puedan tirar atrás a los patrocinadores de turno o los galardones que concede la SGAE.

Si a todo esto sumamos las emisoras de radio que limitan cualquier manifestación musical que no sea la que impone el mercado, las televisiones que han eliminado cualquier programa musical que no busque a cantantes teledirigidos, los lobis mediáticos con su propia cartera de artistas o las discográficas que ante la crisis se reconvierten en representantes de sus productos, llego a la conclusión de que dentro de unos años, cuando se hable de la cultura de la libertad, no se extrañen si nadie se ofrece a defenderla porque los artistas desconocerán su significado.

Bienvenidos, primos del rock and roll…