Cuando pienso en los viejos amigos que se han ido

de mi vida, pactando con terribles mujeres

que alimentan su miedo y los cubren de hijos

para tenerlos cerca, controlados e inermes.

Cuando pienso en los viejos amigos que se fueron

al país de la muerte, sin billete de vuelta,

solo porque buscaron, el placer en los cuerpos

y el olvido en las drogas que alivian la tristeza.

Cuando pienso en los viejos amigos que, en el fondo

del mar de la memoria, me ofrecieron un día

la extraña sensación de no sentirme solo

y la complicidad de una franca sonrisa…