El periódico / 19-5-2007

Parece que por fin ha sido resuelto uno de los grandes enigmas de nuestra historia reciente. Resulta que, después de 40 años, descubrimos por uno de sus protagonistas que el Festival de Eurovisión de 1968 estuvo amañado. ¡No me lo puedo creer!

Cliff Richard, que debía haber sido el ganador, cantó Congratulations, una canción tremendamente efectiva, que terminó haciéndose insufrible en su versión en castellano. Aquel año 1968, la televisión era mi pequeña ventana abierta al mundo: me desayunaba a base de Vietnam, hacía el signo de la victoria sin saber que le hacía un guiño a Robert Kennedy, al que vi desangrarse en directo, como antes había visto el funeral de Martin Luther King, y no entendía por qué unos jóvenes se enfrentaban a unos tanques en las calles de Praga desafiando al totalitarismo soviético. Eran jóvenes también los que en París tiraban adoquines a la gendarmería. De eso se habló tanto que todavía siguen en ello. Meses después, otros jóvenes al otro lado del Atlántico serían masacrados por el Ejército en la plaza de las Tres Culturas de México DF poco antes del inicio de los Juegos Olímpicos.

Aquí, en nuestro país, que entonces era piel de toro, como en la película de Bardem, nunca pasaba nada, lo cual era totalmente falso, y aunque el triunfo en Eurovisión se vivió como una victoria frente a la pérfida Albion, era una fruslería comparado con Raimon, que encendía la Universidad de Madrid rodeado de pancartas donde se pedía democracia popular, y los Sírex cantaban Fuego. Antes, como hoy, la desinformación era la reconstrucción de la realidad a la conveniencia de los mandantes.

Por todo ello, como escribe Julio Martínez Mesanza, cuando regresa mayo no me conozco. Aquel año 68 sigue provocando en mí un estado de ánimo que se repite cada primavera y en el que me identifico con las palabras del poeta madrileño: «Multiplico con vigor las ofensas y provoco al justo y al injusto, al extranjero, al vecino, al aliado; mando cartas injuriosas en todas direcciones y me entusiasmo cuando me devuelven la injuria y una pronta guerra aceptan».