Juan Marsé fotografiado por Miriam Barkley.

Hoy os dejamos un artículo escrito por Carlos Zanón (poeta, novelista, guionista, articulista y crítico literario) en http://www.sigueleyendo.es. En la misma sopa enlaza Juan Marsé, motos, Pijoapartes, Sabino, Loquillo y un cadillac.

De montañas, rubias y vehículos veloces
Carlos Zanon / sigueleyendo.es (8-3-2011)

Ha vuelto el Hombre. Caligrafía de los sueños. Hace cuarenta años reventó la Banca con una novela en la que disparaba desde muchos sitios a muchos lados. A los hijos de papá que se resistían al régimen desde la casita de Begur o haciendo manis u octavillas al compás de gintónics. A la roñe de la derecha que no mira ni lo que deja bajo las alfombras ni en la periferia. Últimas tardes con Teresa era muchas cosas. También una historia de amor. Cuando el amor consiste en eso. En deslumbrarte en el otro con lo que no hay y tú ves. El canje era justo y por ello imposible. Tú me das la estabilidad económica, me dejas entrar en vuestro mundo, me llevo a la rubia y a cambio ¿qué? Te llevas al salvaje. Al más guapo del Carmelo. Y con él la convalidación de Amigo de la Clase Obrera. Que así cuando se muera el Régimen en la cama podremos lucir medallas. Estancias en Via Laietana, carreras delante de los grises y bla, bla, bla. El arribista Pijoaparte es trágico porque lo vemos bajando por la Carretera del Carmel harto de ver el escaparate y no poder entrar a por su parte. Pijoparte fue murciano, ayer era ecuatoriano o marroquí y ahora además somos tú o yo.

Pero como los héroes griegos, Pijoaparte tuvo su momento bajo el sol. La rica, la guapa, la fascinante Teresa Serrat cayó en sus brazos. La rubia con su coche le venía a buscar al Delicias, en la ladera de la montaña. Su autor no deja de tener en cuenta los mil western que ha ido abrasando su formación autodidacta. Carne de quiosco y doble sesión de barrio. El Pijoaparte es un cowboy, el llanero solitario. Y el fiel caballo ahora es una moto robada. Y el Cañón del Colorado, la Montaña Pelada. El cowboy baja a galope a por la diligencia, la chica, el banco o todo a la vez.

Años después, otro Pijoaparte muy cerca de la falda del Carmelo, en Horta, mirará hacia otra montaña, el Tibidabo. Le gustan las motos, la velocidad surf del punk y, es de suponer, las chicas rubias. De clase trabajadora también tiene la sensación que la fiesta se ha acabado antes de que él llegara. Y de que no le han invitado. Desde casa de sus padres compone una canción que contiene una rubia, un cadillac y una montaña. Eso y una declaración de autoafirmación roquera. Te añoro, soy demasiado orgulloso para irte a buscar, demasiado torpe para ganar pero aún sé hacer daño. Cosas del barrio. Me han dicho que ya eres formal es el cuchillo que abre entrañas en la traición de la edad adulta. Sabino Méndez, el papi de Cadillac Solitario (1983), lo sabe o lo intuye que para eso sirve igual el talento. La canción vertida en el recipiente Loquillo adquiere mítica de ciudad desde el minuto cero. Entiende el arrogante destello y se lo prueba y le queda bien. Da igual que sus dos metros la interprete en clave Cochran o Brel. Él y los que lo escuchan saben que el mensaje ha llegado. Y es inmortal. Y duele.

Suena el timbre en casa de los padres de Sabino. Loco y sus amigos le vienen a buscar. Juan Marsé, en el sótano de Muntaner, entre humo de cigarrillos y alcohol. Todo es Barcelona. Pero los tres saben lo cierto. Todas las Teresa Serrat de la ciudad tienen un arañazo en la espalda que le recuerdan quienes fueron. Cómo fue aquel breve instante de verdad.

CALIGRAFÍA DE LOS SUEÑOS
Juan Marsé
LUMEN