A la salida del cine, entre la emoción y la nostalgia, escucho aún Los sonidos del silencio, de Simon y Garfunkel, mientras en la pantalla se proyectan las imágenes de los bombardeos sobre Vietnam. La imagen de Robert Kennedy en un suelo ensangrentado, un desconocido que intenta sujetarle la cabeza mientras agoniza… Recuerdos de la adolescencia. España permanecía en el silencio de Franco.
Años más tarde esa misma imagen me sirvió de trabajo de fin de curso. Un mural sobre cartulina roja rescataba las imágenes de su asesinato. ¿Cómo ve un adolescente el mundo actual? Esa era la pregunta formulada. En España empezábamos a despertar de un letargo que parecía milenario.
Fui creciendo y, a diferencia de mis compañeros, que preferían al Che Guevara, en la pared de una habitación realmente pequeña, el póster de Robert Kennedy convivía con la imagen de Salvador Puig Antich en la portada de El Caso, muerto también por la violencia política de los hombres que no quieren saber de cambios y esperanzas.
Camino por las frías calles de Madrid, ya de madrugada, y Bobby, que así se llama la excelente película firmada por Emilio Estévez, nos devuelve la imagen de ese James Dean de la política que sobrevivió a la sombra de su hermano. Él fue la imagen del futuro denegado, de la pérdida de la inocencia. Y aquella noche del 5 de junio pasó a formar parte, junto a la Primavera de Praga, el asesinato de Martin Luther King y el Mayo francés, de un momento histórico que sembró de esperanzas y de revueltas el mítico año de 1968.
«Seguramente podemos aprender, por lo menos, a mirar alrededor de aquellos de nosotros que son nuestros semejantes y, seguramente, podemos empezar a trabajar con algo más de entusiasmo y curarnos las heridas que nos hemos hecho y convertirnos otra vez en hermanos y compatriotas de corazón». No son palabras de Zapatero, aunque lo parezcan, son parte del último discurso de Robert Kennedy. Desde entonces hemos escuchado muchas veces que otro mundo es posible. Pero ahora ya sabemos por experiencia que hay mucho hijo de puta dispuesto a evitarlo.