El periódico / 14-8-2007

Nadie podía imaginar que la idea de crear una radio de éxitos de siempre de mi buen amigo Marc Vicens, en su etapa en Kiss FM, iba a ser años después asumida por todas las emisoras privadas del país, y no solamente eso, sino que sería, lamentablemente, una de las causas de la caída en ventas del pop español.

Conocida en los mentideros como «la tercera plaga» (después de Operación Triunfo y el top manta) las compañías discográficas se las ven y se las desean para colocar las novedades de sus artistas consagrados o noveles que son rechazadas sin mas explicaciones por los programadores radiofónicos.

Nuestro dial ha ido creciendo durante estos últimos años bajo la tutela de los distintos gobiernos que, al adjudicar licencias a los grupos mediáticos más importantes, han terminado por dejar de lado la creación de un abanico de emisoras musicales en diferentes formatos y bajo distintas líneas creativas, como ocurre en otros países. Esta fórmula tiene fecha de caducidad, porque programando éxitos del pasado damos la espalda a los éxitos del futuro. Mientras, el daño a la creación y a la renovación de propuestas es un hecho. A los artistas consagrados solo les queda formar parte de su propio revival, tocando canciones de cuando todavía tenían pelo, víctimas de la nostalgia de los responsables de la industria que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor. Afortunadamente, el público no es imbécil y existe la red. Dentro de la franja entre los 18 y 30 años se mueven tendencias que se escapan al Gran Hermano radiofónico. A quienes estamos entre los 35 y 50, que somos muchos, nos puede gustar escuchar la música con la que crecimos, pero afortunadamente aún no se nos ha atrofiado el oído. Tienen razón las voces que abogan por una ley de la música, semejante a la del cine, que regule y proteja la creación musical en España.

Yo, como Jeff Bridges en El Gran Lebovsky, cada vez que suena en un taxi Hotel California me pongo malo. Los programadores han conseguido conmigo el efecto contrario. Y es que la nostalgia, como decía Simone Signoret, ya no es lo que era.