Freeway / 24-5-2010

Como muchos ya sabéis mi vinculación con el mundo del deporte excede lo puramente relacionado con mi etapa de jugador en las canteras de los primeros espadas del basket español. Mi alias Loquillo me fue impuesto por la leyenda del basket español y jugador del FC Barcelona, Juan Antonio San Epifanio “Epi”, en una final de campeonato escolar. Él me bautizó con el nombre con el que después fui conocido a lo largo y ancho de este mundo.

Las cosas no pasan por casualidad. El Barcelona FC ejerce de embajador de mi ciudad desde la noche de los tiempos y nada ni nadie escapa a su influencia.

Mi tío Joan, que perteneció a la columna Durruti -de ideario anarquista- durante la guerra civil española, tras sufrir las represalias de los fascistas del General Franco y cumplir condena, solo pudo acceder a un puesto de trabajo fijo después de haber probado todo lo inimaginable. Ese trabajo fue como ujier en el entonces recién inaugurado Nou Camp, año 1957.

De chico, no me perdía un solo encuentro de los grandes, porque mi tío Joan me colaba al inicio del partido. Lo que más me impresionaba era el sonido del campo cuando un balón rozaba los tres palos de la portería, ese gruñido sordo que todo el público emitía y que hacía temblar los cimientos del estadio.

Puedo asegurar que el día en que Johan Cruyff se vistió de blaugrana por primera vez fue el inicio de la España moderna. El dictador todavía no había reventado pero su revolución futbolística trajo los primeros aires de cambio en aquella España tardofranquista. En muchas ocasiones, el Nou Camp era portavoz de la lucha contra Franco; los derbys contra el Real Madrid eran toda una declaración de la identidad catalana frente al centralismo, y nosotros, los chicos de mi edad, idolatramos al personaje que venía de una Europa democrática con su moderno look y estilo de vida, hasta tal punto que terminamos llevando los calzoncillos tipo slip -toda una revolución en el sector- que anunciaba en aquella televisión en blanco y negro.

Durante mi etapa como jugador estuve durante un mes a prueba en el FC Barcelona, pero decidí a última hora fichar por un rival que resultaba más asequible a mis ambiciones… hasta que el rnr conquistó definitivamente mi corazón y me escoré hacia la música abandonando el sueño de convertirme en el “Pistol” Pete Maravich del barrio del Clot.

Tal era la influencia del FC Barcelona en la sociedad catalana, que durante la actuación de la mítica banda británica The Troggs, celebrada el 16 de mayo de 1979, el Salón Cibeles registró la entrada más pobre de su historia -éramos un par de amigos y la prensa de turno- pues el horario del concierto coincidía con la final de la Recopa de Europa, que terminó ganando el FC Barcelona por 4 a 2.

Como por arte de magia, coincidiendo con el éxito masivo que tenía un servidor junto a Los Trogloditas a principios de los noventa, Cruyff volvió al Bar�a esta vez como entrenador. El llamado “Dream Team” dio a Barcelona su primera Liga Europea y yo asistí al legendario estadio de Wembley para ver cómo Koeman hundía el esférico en la portería de la Sampdoria, aquel 20 de mayo de 1992. Fue muy divertido encontrar en el underground londinense al director de mi compañía discográfica -entonces, EMI- notorio madridista que no terminaba de creerse que yo fuera aquel tipo que con la cara pintada de blaugrana y tocado con una Ikurriña (por la cantidad de jugadores vascos que entonces lucía el Bar�a en su plantilla), que viajaba con lo más granado de los supporters azulgranas.

Ahora todo ha cambiado. El FC Barcelona se ha ganado un lugar no solamente en el Olimpo del fútbol sino también en el del rock, pues el Nou Camp es cita obligada para las grandes estrellas. En lo deportivo sus tres ligas europeas alimentan el orgullo de toda una ciudad que observa con admiración el trabajo que viene realizando estos últimos años su entrenador, el ex jugador Josep Guardiola, basado en la creación de una cantera, de la que fue pilar, con una mentalidad ganadora y la fidelidad a un estilo de juego. Son Xavi, Pujol e Iniesta, columna vertebral de la selección española que conquistó la pasada copa de Europa, un ejemplo de esta manera de entender el fútbol, un fútbol que tiene en el argentino Leo Messi a la nueva estrella del firmamento futbolístico.