El periódico / 27-10-2008

«Barcelona ciudad. Buscas tu oportunidad de poder escapar de Barcelona ciudad. … En Barcelona ciudad nada se hará realidad, ardiendo en tu habitación, sentado en cualquier rincón esperarás con pasión tu dosis de rock and roll». Han pasado 26 años desde que escribí el texto mientras esperaba desembarcar del buque Castilla horas antes de desfilar por las calles de mi ciudad aquel Día de las Fuerzas Armadas de 1981.

Años más tarde, durante una sesión de fotos a primera hora de la mañana, con una luz casi crepuscular, sin apenas paseantes, tuve mal fario, supe que nunca volvería a ver la Rambla ni con los mismos ojos ni igual de bellas.

Somos muchos los barceloneses que, como la editora Ana Pareja, sentimos un hartazgo de la situación que vive la ciudad, del pensamiento secuestrado, del silencio de las mentes críticas, de la especulación urbanística, de la reconstrucción de Barcelona a favor de turistas, de que se borren nuestras señas de identidad, de la cultura diseñada en los despachos del ayuntamiento, de ser la botiga del món, de perroflautas tocando los bongos, de ciclistas que se creen superiores y ocupan nuestras aceras, de festivales subvencionados frente al cierre de locales de música en vivo, de parques de cemento sin un jodido árbol, de farolas imposibles, de diseñadores iluminados, de eslóganes colgantes… de por qué tenemos que ser todos progres.

Pero, mira por dónde, después de haberme decido por el camino del exilio voluntario, tras el advenimiento del tripartito, como dice mi amigo Sabino Méndez, autor de la música del texto que encabeza el artículo, aparece un manuscrito de resistencia ciudadana que nos devuelve la esperanza de que no todo esta perdido, de que todavía existe un maquis urbano. Odio Barcelona, editado por Melusina, es un grito de subversión. Doce ensayos escritos por lo más airado del panorama literario barcelonés: Javier Calvo, Carol París, Robert-Juan Cantavella, Llucia Ramis, Óscar Gual, Philip Ángel, Matías Néspolo, Lucía Lijtmaer, Javier Blánquez, Agustín Fernández Mallo, Hernán Migoya y Eloy Fernández Porta.

Porque, parafraseando a Ortega, no es eso, señor Hereu, no es eso.