El periódico / 7-8-2007

Señorita Escarlata:

Desde que supe de tu llegada y tras el revuelo que has armado con tus compras por el paseo de Gracia y tu rodaje en la idílica Barcelona del señor Allen, me ronda la cabeza una canción. «¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? ¿Qué clase de aventuras, ja, has venido a buscar?» Es una canción de cuando salíamos del horror y de la negrura de la dictadura, y, aunque no fue número 1 en las listas de éxitos, los chicos de mi edad la cantábamos mucho.

Me pregunto, señorita Escarlata, si como contribuyente de Barcelona, y ya que de mi bolsillo sale una participación en la producción de la película –por aquello de que tu hermoso rostro promocionará mi ciudad desconocida en el mundo mundial– te vendrías de paseo conmigo. Bajaríamos por la Rambla al atardecer, con cientos de turistas rojos como demonios y con relucientes calcetines blancos, sorteando a carteristas de todas las nacionalidades. Y, dando el cante, tú con tu altura, yo, con la mía, bajaríamos hasta el monumento a Colón a bebernos unos calimochos con el personal tirados en el césped. El tráfico que rodea el monumento es un caos de autobuses turísticos y ciudadanos cabreados. Si te agobia la contaminación, podemos darnos un paseo en Las Golondrinas. Cuando yo era pequeño, ese paseo era una excursión al mar abierto, pero hoy no se ve, gracias a los cruceros y sus hordas de gentes armadas con cámaras digitales y también a los millonarios que atracan en nuestro puerto deportivo, y que están a punto de acabar con la Barceloneta, que fue el barrio más auténtico, pinturero y colorista.

Señorita Escarlata, yo soy un chico de barrio obrero. Donde jugaba de niño han levantado hace poco un monumento al falo que todo barcelonés tiene el placer de enseñar y permitirse una guasa. Y lo haría, pero, mira, deslumbrados por tu belleza, se nos han fundido tanto los plomos que estuvimos tres días sin luz.

No sé si después de esta carta querrás salir conmigo. Claro, que al señor Allen las fotos le salen mejor que a mí: por algo le limpian las calles y le pagan el carrete y el revelado.