El periódico / 3-12-2007

Una limusina me lleva rumbo al escenario. En media hora cerraré el que se considera el festival de más solera que se celebra en Uruguay: La fiesta de la X. Mientras atravesamos Montevideo, alguien señala una calle: muy cerca se encuentra la casa de Mario Benedetti. «Obedecer a ciegas deja ciego, crecemos solamente en la osadía». Pocas horas antes en la rueda de prensa, me preguntan por la situación de su compatriota Cristina Peri Rossi tras el affaire con la radio nacional de Catalunya, y digo yo: ¿Cuándo dejaré de sentir vergüenza ajena ante el resto del mundo?

La noche anterior, Gabriel Peluffo, líder de la banda de rock más importante del país, Los Buitres, me cuenta entre trago y trago cómo sorteaba la censura de las letras en los tiempos de la dictadura y de la importancia que para toda una generación de músicos uruguayos fueron las bandas de rock español. Para ellos, el rock and roll fue el lenguaje de la libertad. Lamento decirle que toda esa generación ha sido barrida de las emisoras comerciales por una música imperialista que nos llega de Miami y que en las comunidades con lengua propia, como la mía, el rock en castellano ha sido sustituido por el anglosajón.

Más de lo mismo sale a relucir tomando café con Andrés Calamaro en su casa bonaerense. Andrés, renovador del rock en castellano, primero con Los Rodríguez y luego en solitario, sacando del tedio a un rock made in spain que se dedicó en la última década a cantar en inglés para cubrir sus carencias. Hoy Buenos Aires vive rock and roll por todas las esquinas: emisoras de radio, programas de TV, prensa especializada, tiendas donde el rock no se mezcla con los iconos de la mediocridad.

Como contrataque, la SGAE, con el buen criterio que le caracteriza, paga el avión con tratamiento de vip a ese intelectual de la radiofórmula conocido como Melendi para que represente a los autores españoles en México en el festival Rock en Ñ, y encima monta el número. Leo en la prensa que iba armado con una botella de pacharán. Afortunadamente, la SGAE ha reaccionado a tiempo y los autores españoles no pagaremos los excesos de tan singular personaje. Sin comentarios.