El periódico / 14-9-2009

Año 1978. Las Ramblas son el mundo, y Barcelona, la tierra prometida para cientos de jóvenes de todo el país que buscan emborracharse de libertad. El franquismo y el antifranquismo ultiman su cambio de cromos y Jordi Pujol inicia el asalto al poder . La sala Tabú, dirigida por el valiente promotor Segis, ha cerrado sus puertas tras la actuación de La Banda Trapera del Río y Canet Rock ya es historia. Pau Malvido, cronista libertario, pretende realizar un reportaje a los rockeros y teddy-boys de la city para Disco Expres y Bertha de Popular 1 me insiste en que participe en su programa de radio pinchando mis vinilos favoritos.

En mi recorrido habitual por las discográficas que todavía operan en Barcelona me queda tiempo para una parada en las oficinas de Capitol. Ismael me mima en exceso. Cuando no me regala unas diapositivas de Gene Vincent, me invita a una cerveza en el bar más cercano. Insisto en la reedición del catálogo vintage de la compañía y él reacciona lanzándome un LP al vuelo de Mink de Ville titulado Cabretta.

Vivimos un momento irrepetible, los hippies han sido barridos por el punk y la new wave se prepara para tomar el relevo. En el fondo, Cabretta es un disco que nadie sabe dónde ubicar, parece de otro tiempo. Con la primera escucha descubro que mis grupos favoritos de do-woop se citan en cada surco y que bandas de pandilleros surgidas de West side story se desafían en cada esquina solo por el amor de una belleza de arrabal. Se mezcla con las imágenes de un joven director norteamericano llamado Martin Scorsese y se adorna con la voz de Willy, que recuerda a Lou Reed. Es la cuadratura del círculo.

Una canción destaca sobre todas las demás, Spanish Stroll, un himno para todos nosotros. Lo bailamos haciendo un pasillo caminando de forma castiza y altiva como hemos visto en American Graffiti, empuñando un peine que esgrimimos con orgullo. Junto a la versión de Stay de Jackson Browne se convierte en la banda sonora de una generación que mira hacia atrás como referente de futuro. Willy de Ville, en Cabretta, hace además una velada advertencia que no todos entienden: si creces en las calles, no esperes una segunda oportunidad.

PD. – Willy de Ville falleció el pasado 6 de agosto a la edad de 58 años. Deja tras de sí seis discos como Mink de Ville y 10 en solitario. Gracias, Willy, por tu amor a la música y la emoción de tus canciones.