La lucha contra el franquismo hizo que muchos nombres de la música el cine y la creación cultural coincidieran en el apoyo mayoritario a los partidos de la izquierda.

La transición les convirtió en auténticos referentes sociales de la lucha antifranquista. La llegada del PSOE al poder les llevó a su punto mas alto de popularidad creando el tópico de que la izquierda y el mundo de la cultura iban de la mano.

La siguiente generación fue vista a sus ojos como frívola y hedonista, falta de compromiso y militancia probada. Quien habiendo perteneciendo a la suya decidía no beber de la mano del nuevo orden fueron condenados al ostracismo.

Con la llegada del PP al gobierno creyeron que la historia les reclamaba de nuevo, por eso cuando en el 2004 la izquierda volvió a la Moncloa no tardaron en dejarse ver junto a Zapatero recomponiendo filas con nuevas caras, conjurándose como poder cultural en la sombra. Su influencia en el Ministerio de Cultura, la SGAE o la Fundación Autor era más que evidente.

Pero la crisis mundial se llevó por delante al gobierno socialista y la todopoderosa SGAE estalló en pedazos dejando a la vista la corrupción y los nombres de ilustres favorecidos, lo normal, en estos casos.

Ahora que la industria cultural y los creadores vemos como el ex presidente Zapatero nos ha vendido a las operadoras alegando la presión del entorno, (aunque hizo caso omiso del entorno cuando se le recriminaron los recortes sociales o la reforma de la Constitución) nos ha dejado sin protección, lavándose las manos y regalando a las operadoras el negocio de la piratería. Somos muchos los que nos preguntamos porque los defensores del santo grial de la izquierda hacen mutis por el foro.

Aunque lo más preocupante no es eso, es que tras toda una campaña orquestada por las operadoras bajo mano, con la libertad en la red como argumento han conseguido llegar a un Consejo de Ministros, paralizar una ley y ganar la partida, pero sin bajarnos el precio de la ADSL, así nos va.