LOQUILLO Y GABRIEL SOPEÑA. LA VIDA POR DELANTE (II). GIRA 2020.

Conocí a Loquillo en el año 1991 y una de las primeras confidencias que nos hicimos fue nuestro común deseo de cantar poesía. A ustedes les confieso que tengo la certeza de que en aquel momento confluyeron lustros enteros de búsqueda: para mi amigo del Clot como intérprete, para mí como compositor, para ambos como personas. Ambos pertenecemos a la última generación que, con 15 ó 16 años (y aún después) se acostaba escuchando las maravillosas voces del elenco de actores de RTVE recitando versos, cerrando la emisión; y que aprendió a amar (entre otros y otras muchas cosas) a Miguel Hernández gracias a la voz de Serrat y a Rosalía de Castro de la mano de Amancio Prada.

En La vida por Delante (1994) –disco de oro en 1995- y Con elegancia (1998) cantamos a más de treinta poetas. Nunca nos pusimos límite estilístico ni plazo temporal para cerrar la iniciativa, porque era (y es) un proyecto de vida: queríamos recuperar, desde nuestra propia actitud, la noble tradición de la poesía cantada, conscientes de que el cantor tan solo es un eslabón de esa robusta cadena emocional que es la canción, como arte mayor: esa que ha contribuido a construir el alma de nuestra especie al margen de modas, estilos o dictados mercantiles. El maestro Leonard Cohen lo dejó escrito: “Poetry is a verdict, not an occupation” (“La poesía no es una vocación, es un veredicto”). Nada que añadir.

Realizamos dos inolvidables rondas nacionales de casi 100 recitales entre 1995 y 1997. En ellas visitamos a quien tuvo la generosidad de invitarnos: grandes ciudades, teatros renombrados, cavas, universidades, modestos espacios de encuentro, localidades recoletas, clubes. Aquella primera gira fue seguida de otras tres (1998-2001, 2006-2007 y 2012-2014), tras la edición de los discos Mujeres en pie de guerra (2005) y Su nombre era el de todas las mujeres (2011), este con poemas de nuestro querido y admirado Luis Alberto de Cuenca; y constantemente hemos ofrecido recitales cuando se nos ha requerido o hemos tenido nuevos versos de fuego para cantar y nos ha movido el corazón: siempre, sin excepción, en formato íntimo y en distancias cortas, incluso a dúo y a pelo. Somos así, el Loco y yo.

Febrero de 2020 nos sorprendió entrando en los estudios para grabar Europa, un disco basado en el libro homónimo del gran Julio Martínez Mesanza, Premio Nacional de Poesía en 2017. La terrible situación de pandemia ha demorado esa empresa; pero no nuestro impulso de regresar a los escenarios y ofrecernos en un espectáculo que pretendemos abierto y evocador en sonoridades y texturas. Como siempre que el Loco y yo hemos echado a rodar, pretendemos poder compartir el disfrute de la música, de la poesía y de la Vida, máxime en estos momentos difíciles; y reivindicar por ello espacios de humanidad y solidaridad, ejerciendo nuestra profesión de cantores sin otro alarde que la voz y la emoción de los versos y las guitarras. Propondremos, como siempre, un viaje de ida y vuelta que hermana continentes, sensibilidades y géneros: de Benedetti, Luis Alberto de Cuenca o Aute al pespunte francés de Brel y Brassens; o el pulso y la dicción incomparables de los versos de Johnny Cash o Kris Kristoffersson.

Lo hicimos y lo haremos, treinta años después, más veteranos y avisados; pero con la legítima alegría del pionero e igual de ilusionados en la búsqueda de nuevas rutas, como entonces: con toda la vida todavía por delante.

Gabriel Sopeña. Junio  de 2020