Leo en  algún medio de comunicación, no sé cuál y casi da igual, la inauguración de un paseo con tu nombre en tu Alcoy natal y una relación de actos como homenaje a tu obra.

Todo esto en un momento en quela cultura se bate el cobre por sobrevivir. En cambio tú, la vivistecomo herramienta contra la dictadura y la sinrazón.

Fue gracias a la periodista Magda Bonet que tuve la suerte de llegarte a conocer. Fuimos a tu casa, entre la Plaza Lesseps y el Parque Güell.

Noté tus manos temblorosas, débiles. La enfermedad ya había tomado posesión de tu vida. ¡Tus manos Ovidi, tus manos! Cómo me gustaba tu forma de moverlas, solo tú y Montand, gozáis de ese talento, de concretar el valor en un gesto. Aspas de molino que, en perfecta armonía a la hora de enfrentarte al mundo, parecían quitarle importancia a unos versos que iban directos a la yugular.

Te conté, cómo en aquella habitación, realmente pequeña, la mía, donde hervía mi adolescencia, tus canciones formaron parte junto a otras y muy diversas de mi imaginario que iba tomando forma con los últimos estertores del franquismo.

Y hablamos y mucho, de lo que la ‘canço’ había significado para todos, de ese momento en que a muchos cantautores se les condenaba al olvido o se les daba las gracias por los servicios prestados, como diciendo “por favor, no molesten”, de que la democracia no quiere díscolos. También estaban los otros, compañeros de profesión, decías sonriendo, que “se habían institucionalizado”, pero ¿y tú, Ovidi?

Tú te saliste del tiesto que se le suponía a un cantautor, abriste tu abanico musical en ‘Crónica d’un temps’, que fue punto de encuentro de lo quedespués se llamó ‘Ona Layetana’, tu formación teatral currada en compañías independientes te abrió las puertas al cine comprometido y valiente, tu militancia política siempre estuvo con quien tenía todas las de perder.

Me hablaste de tu nuevo proyecto junto a Toti Soler, que no llegaste a terminar, de Salvador Espriu y Pere Quart, me hiciste prometer que los incluiría en el siguiente disco de poetas, cosa que hice años después. Y me despedí de ti con la sensación de haber llegado tarde y de que no volvería a verte, al poco tiempo nos dejaste.

Cuando los más negros nubarrones se ciernen sobre la cultura, convertida a los ojos del poder en la ‘fere ferotge’ que hay que atar en corto, echo de menos ese compromiso con uno mismo, con el arte, con el tiempo que te ha tocado vivir, con la vida.

Tu compromiso, Ovidi.