Resulta abrumador el número de correos que he recibido durante estas últimas semanas. Son legión los voluntarios que se nos presentan a las elecciones a la SGAE. Ingenuos autores que de buena fe se lanzan a una piscina vacía o llena, según se mire, también están los que ven la oportunidad de un buen retiro y terminar su declive artístico de forma digna, con un despacho chulo y buena jubilación.

Los hay que se han pasado la últimas décadas a la sombra de Teddy Bautista beneficiándose de su posición o haciendo el catering de las merendolas de la junta. Intentan ahora con candidaturas de nulo disimulo seguir apostando en la ruleta y seguir manejando los hilos, que de esto saben mucho o eso dicen, que no estábamos tan mal.


Están los nostálgicos que inician sus arengas con lenguaje marxista Leninista; compañeros y compañeras y uno se imagina en una reunión de la Casa Grande del Partido sonando sin parar “ Sueño con serpientes” de Pablo Milanés.

Están los peores, los que han tomado el camino de la democracia, nosotros ya lo dijimos, dicen, los que en su momento señalaban con el dedo a los que alzaban la voz en el desierto y los acusaban de topos de la derecha. Su aspiración, es llegar a dirigir el Instituto Cervantes o algo que se parezca.

Y están los turistas, que han irrumpido en este año electoral, les llevan a la capital les invitan a una copa a un buen restaurante y se quedan con la boca abierta. No saben que sirven de cortina de humo a candidatos que sí saben como se cuecen eso de las subvenciones en las autonomías. Su cabecilla piensa que es posible una SGAE descentralizada en un reino de taifas donde ellos corten el bacalao o corten cabezas, sin saber que las que rodarán serán las suyas.

Tenemos a los patricios, que durante los últimos tiempos han representado el lavado de cara de la casa, estos no tienen perdón, por tontos, ya que se van a comer el marrón enterito, dicen desconocer lo que pasaba ante tanto mangoneo, afirman que se limitaban a firmar las actas y simplemente miraron hacia otra parte.

Y el resto esperamos que entre tanto listo aparezca una figura seria y decente y a ser posible joven o al menos, menor de 55 años, con un lenguaje propio del siglo XXI que defienda este colectivo machacado por una pandilla de hijos de puta que se han aprovechado de la Fundación Autor para uso de los amigos ideológicos de la casa, responsables de la firma de esa hipoteca llamada red Arteria, actos a los que los ministerios de cultura de turno dieron patente de corso con su silencio.

Una tarde, en un hotel de Madrid, estábamos un servidor y Sabino Méndez portavoz de la junta provisional y que abandona su cargo tras las elecciones después de ordenar la casa y preparar la transición descubrimos en el lobbybar reunidos en contubernio a Teddy y sus secuaces, al quite avisé al barman y le pedí que advirtiera a los clientes de que se sujetaran la cartera, no me entendió. Ver la cara de los miembros de la honorable sociedad al ver a Sabino Méndez en el hall no la olvidaré nunca.

Elliot Ness había cazado a Al Capone, yo todavía me estoy riendo.