UN BRINDIS POR JORGE BERLANGA

El maestro Umbral decía de él que era cronista de Madrid y de sí mismo, yo lo recuerdo apoyado en la barra de Rockola junto a Rafael Abitbol, héroe de la radio independiente de los primeros ochenta, rodeado de chicas guapas mientras sonaba “Same old scene” de Roxy Music. Jorge es personaje imprescindible para conocer la España de la modernidad y instigador de la movida madrileña. Para las hemerotecas quedaran su obra escrita, la novela
“Un hombre en apuros”, sus artículos y columnas en La Luna, Abc y La Razón, tradujo a Bukosky y escribió los guiones para las películas de su padre, el maestro Berlanga; “Todos a la cárcel”, “Paris Tombuctú”, también “Alas rotas” de Carlos Gil, su amor al cine lo volcó primero en la critica cinematográfica y mas tarde como director cultural de la Mostra de Valencia donde además consiguió homenajear a su hermano, el brillante compositor Carlos Berlanga también fallecido demasiado pronto, con un exposición de toda su obra plástica en gran parte desconocida para el gran publico.

La ultima vez que nos vimos en Madrid fue en la coctelería de la calle Reina; el Cock , donde habíamos anclado algunos de los huérfanos de Balmoral tras su cierre. Como personajes de ” fin de siecle”, nos tocaba ver como el mundo que habíamos conocido se desvanecía poco a poco.

Manolo barman de Balmoral y que cuidó dos años de su descapotable Triumph me recuerda la noche en la que alguien tuvo la mala educación de interrumpir nuestra conversación cruzando ante nosotros con tan mala fortuna que golpeó el vaso de Jorge que terminó estallando en el suelo. Jorge no se inmutó, siguió hablando conmigo como si no hubiera pasado nada, con su mano sujetando un vaso ficticio porque como decía, a un profesional nunca se le cae ni un vaso ni un cigarrillo.

Recuerdo a Jorge siempre con un martíni o whisky con hielo en la mano, de porte elegante y bouquet exquisito, como el protagonista de una novela de Fitzgerald, le gustaban las chicas delgadas de ojos claros y pómulos marcados. Estos días no puedo dejar de leer aquellas estrofas que me escribió en el posavasos de Balmoral días antes de su cierre definitivo en el 2006.

Mas allá del bien y del mal, A la espera del azar,
Solo quiero imaginar, Un paraíso fatal.
Muerte en vida, vida en muerte, atrapados por la suerte
en Balmoral.
Este día sale la luna, esta noche sale el sol, en la rueda de la fortuna, brilla el alcohol.
Y nada es real, en Balmoral, o todo es real en Balmoral,
tras el cristal